El acaso por orientación sexual o identidad de género no es una broma: es una violencia. Y se puede detener.
En miles de escuelas, hogares y espacios públicos, niñxs, adolescentes y jóvenes LGBT+ siguen siendo víctimas de violencia verbal, psicológica y física solo por ser quienes son. El bullying homofóbico y transfóbico no es solo un problema escolar: es una problemática estructural que tiene consecuencias devastadores en la salud mental, el desarrollo y el bienestar de quienes lo viven.
Combatir este violencia no es una tarea individual: requiere políticas, educación, redes de apoyo y compromiso colectivo.
¿Qué es el bullying homofóbico y transfóbico?
Se trata de acoso, burla o exclusión sistemática dirigida a personas por su orientación sexual o identidad de género. Puede manifestarse como:
- Insultos o apodos despectivos.
- Agresiones físicas.
- Aislamiento social.
- Humillaciones públicas.
- Amenazas o chantajes.
Este tipo de bullying afecta especialmente a personas gay, lesbianas, bisexuales, trans, no binarias o percibidas como tales.
¿Qué tan grande es el problema?
De acuerdo con un informe de la UNESCO (2022), más del 60% de estudiantes LGBT+ en América Latina ha experimentado algún tipo de acoso escolar por motivos de identidad u orientación sexual. En México, organizaciones como Yaaj México y Letra S han documentado que el bullying LGBTfóbico no solo ocurre en las escuelas, sino también en los hogares, las redes sociales e incluso dentro de instituciones públicas.
Este acoso puede derivar en consecuencias graves como:
- Depresión y ansiedad.
- Baja autoestima.
- Deserción escolar.
- Autolesiones o ideas suicidas.
¿Cómo podemos combatirlo?
- Educación desde la empatía.
Es urgente incluir contenidos de diversidad sexual y de género en los planes educativos. Hablar sobre el respeto, los derechos humanos y la diferencia en edades tempranas genera empatía y previene prejuicios. - Protocolos y políticos claras.
Las escuelas deben contar con reglamentos y protocolos contra la discriminación, con sanciones claras y rutas de atención. Además, docentes y personal deben recibir capacitación en temas LGBT+ y derechos humanos. - Acompañamiento psicológico y redes de apoyo.
Las víctimas de bullying deben contar con acompañamiento emocional y espacios seguros donde puedan hablar, sanar y sentirse protegidas. - Visibilidad y representación.
Referentes positivos en libros, medios y actividades escolares ayudan a normalizar la diversidad y disminuir el estigma. - Participación familiar.
El hogar también educa. Es esencial que madres, padres y cuidadores aprendan sobre identidades y expresiones diversas para acompañar y proteger a sus hijxs.
Porque no es solo una «broma»
El bullying homofóbico y transfóbico no es parte de crecer. Es una forma de violencia estructural que debe ser nombrada, enfrentada y erradicada. Callar también es permitir. Por eso, levantar la voz, educar y generar comunidad son actos de resistencia y cuidado colectivo.
