Universos

Capítulo 3 | Tacto

Suena mi celular. Lo tomo con la mano derecha. Está caliente, pues estaba cargándose sobre la cama, entre mi almohadón de peluche y las sábanas tibias. Contesto sin mirar la pantalla.

—Hola, nene… ¿Cómo estás?

—¿Qué tal te fue, nene? —responde Jerome, mi cómplice de siempre.

—Eso quiere decir que no escuchaste mi audio… ¿Verdad?

—Más bien podcast, no mames, Ricky… ¡Eran diez minutos de audio! Mejor cuéntamelo por aquí.

—Ay, pues… ya van casi tres semanas desde la última vez. Tres semanas maravillosas.

—Sí, perra, pero también son tres semanas en las que no te he visto —me reprocha con dramatismo.

—Estoy seguro de que si te hubiera pasado a ti, habrías hecho lo mismo.

—Bueno… eso depende. ¿Te tienen sexcuestrado?

Suelto una carcajada, me recuesto sobre la cama y empiezo a contarle —con lujo de detalle— la historia de mi romance con el chico con el que choqué.

—Uff… sí, y sabes qué… Marco es un sueño —suspiré.

—Amo que sea tan touchy. Es supercariñoso, risueño, atento… Tiene esta forma tan gentil de tocar, de acercarse, de mirarme. Te juro que pensé que hombres así solo existían en películas o en fanfics de internet. Pero él… él es real.

Me hace sentir en paz, pero a la vez, me acelera el corazón como si fuera a cien por hora. Con él quiero correr, brincar, gritar, reírme hasta el cansancio… vivirlo todo.

Y no, no es que me complete, ni que sin él me muera. No va por ahí. Pero sí quiero que esté en mi vida, y yo en la suya. Lo deseo presente. Presente en mis días, en mis noches, en mi cama, en mi piel.

Hay algo en cómo me acaricia… cómo me sujeta la mano, cómo me besa. No es perfecto, a veces es torpe, otras veces aprieta de más. Pero me gusta. Me encanta porque se esfuerza. Porque me pregunta:
—¿Te gusta así?

Y cuando lo hace, me derrito. Entonces le muestro cómo. Cómo tocarme, cómo leerme, cómo entenderme.

Su piel… su piel ya sabe que me pertenece. Obedece a mis caricias como si mi tacto fuera una orden secreta. Me fascina verlo estremecerse, cómo su piel se eriza, cómo sus vellos se alzan como si respondieran a mi voz interior.

Hay algo que se activa en mí cuando me toca. Un calor suave y profundo que nace en el centro del pecho… y baja. Es como si su cuerpo y el mío compartieran la misma temperatura exacta, como si estuviéramos hechos para encajar piel con piel. Como dos imanes buscando colisionar.

Sabe dónde tocarme. Ya reconoce mis zonas más sensibles. Y cuando me susurra al oído, con la voz entrecortada por el deseo:
—¿Lo quieres tocar?… o… siéntelo

Uf. Me enloquece. Me pierde.

Y ese momento, justo cuando cierra los ojos, pone la cabeza hacia atrás y deja escapar un gemido… ese instante es mío. Mi mano lo convierte en fuego. Y sus gemidos… sus gemidos me pertenecen.

—¿Cómo? ¿O sea… ya te lo disté? —me interrumpe Jerome de golpe, sacándome de mi fantasía con su tono de puro morbo.

—Sí. Una, y otra, y otra vez —respondo sin una pizca de vergüenza.

—¡Eso mamona! Ay, nene… ¿y luego?

—Me hace vivir cada emoción en la piel, Jerome. Es suave, pero también rudo. Es tierno… y feroz. Es como si pudiera explotar todos mis sentidos a la vez. Y yo, los suyos. Lo sé. Me lo dice su piel, su respiración, su forma de rendirse cuando lo toco.

Respiro hondo. Mis palabras se agotan, y le doy un sorbo a la copa de gin tonic que he estado jugando entre mis dedos durante toda la llamada.

—¡Lo tiene todo! —grita Jerome.

—Pues… sí —digo, casi como si confesara un secreto que me da un poco de miedo creer.

—Qué padre. Y qué intenso… pero intensidad de la chida. Porque hay intensos que asustan. ¿Te acuerdas de ese chico que te conté? Bueno, da igual.

—Sí, sí. Es que la intensidad solo incómoda cuando no te gusta la persona. Pero cuando sí… se vuelve deseo puro, pasional. Y eso, eso está cool.

—¡Eso! Pasional, justo —dice Jerome, entusiasmado.

Hago una pausa. Me recuesto aún más en la cama, envuelto en esa mezcla de emoción y deseo.

—Jerome… creo que es él. El chico que me dijo Brandon que llegaría. ¿Te acuerdas? Después de la lectura del tarot.

—Ay, nene… estás muy enamorado. ¿Y cuándo lo voy a conocer?

—Pues… ¿después del ensayo de mañana? Vamos a cenar. Los tres. Solo… please, llega puntual.

—Ay, perra… creo que ahora sí la voy a aplicar como tú. Me voy a ir con quince minutos de anticipación. A ver si así me topo con mi galán en la calle.

P.S. Brandon

P.S. Brandon

P. S. Brandon es un profesional de la Comunicación y Mercadotecnia con una destacada trayectoria en la visibilización de historias dentro de la comunidad LGBT+. Es columnista con una recopilación de serie de perfiles que destacan la creatividad y el emprendimiento de talentos LGBT+. Como autor, ha dado vida a Bell: La vida es puro cuento, y Sentidos. Con un enfoque sensible y auténtico, P. S. Brandon utiliza su voz para impulsar narrativas que conectan, inspiran y enriquecen la representación de la diversidad en los medios y la literatura.
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