Universos

Capítulo 4: Oído

Lo primero que escuché al entrar al teatro fue una voz chillona que tronó desde el escenario:
—¡Ve a mover el culo, Ricky!

No me gustó. Para nada.

Ricky me había pedido que lo recogiera después de su ensayo. Estaban montando una versión en español de Broadway Inverse. Después, iríamos a una pequeña reunión donde, por fin, iba a presentarme como su novio. Su novio. Pero apenas crucé la puerta, algo dentro de mí empezó a crujir.

Comenzó una cuenta regresiva desde tres. Y luego, el estruendo:
«Y todo el jazz».
La voz de Ricky llenó el teatro.

Mientras avanzaba por el pasillo, la oscuridad me tragaba. Solo unas luces LED amarillas marcaban el camino en el suelo. Escuchaba pasos, música, voces… y no podía evitar preguntarme cuántas personas más había ahí. El sonido era abrumador, como si un ejército entero se moviera a mi alrededor.

Al final del pasillo, las luces comenzaron a parpadear entre tonos rojos y amarillos. Giré a la izquierda y lo vi.

Mi Ricky.

En el centro del escenario, bañado por un reflector rojo. Jogger negro, camiseta de tirantes. Su figura parecía sacada de un sueño húmedo. Pero no estaba solo. Estaba rodeado. Seis hombres lo acompañaban. Dos estaban demasiado cerca. Y uno de ellos —camisa desabotonada, pecho velludo, sombrero de bombín— recibía caricias de Ricky que yo creía exclusivas. Esas manos, esas caricias, esos gestos… eran míos.

Recordé su confesión, esa primera vez que hicimos el amor: «Lo que más me excita es un pecho velludo». Y ahora ahí estaba, acariciando el de otro. Sonriendo. Disfrutándolo. ¿Más que conmigo?

Esos idiotas danzaban como si fueran una sola entidad. Coordinados, elegantes, sensuales. Y Ricky… Ricky parecía el epicentro de una orgía disfrazada de coreografía. Sus cuerpos se rozaban, se balanceaban en una sincronía que ni él y yo habíamos logrado al caminar juntos. Uno de los tipos le restregaba la entrepierna. Otro le apretaba las nalgas. Y él, encantado. Jugando a seducirlos a todos.

—¿Quién verga se creen? —murmuré, con la mandíbula apretada.

Intenté enfocarme en su voz, en su talento. ¡Dios, qué voz! Pero entonces cantó:

«Ven bombón, el baile nos llamó, las aspirinas ya tu baby te compró…»

¿»Bombón»?
¿Baby?

Mi sangre hervía.

La escena se volvió aún más insoportable cuando apareció él. El último bailarín. Alto, pelirrojo, barba perfecta. El más atractivo de todos, después de Ricky. Lo cargó como si fuera una muñeca, lo sentó sobre su brazo y lo deslizó hasta el suelo en una pirueta sexualmente ambigua. Ricky abrió las piernas al cielo. El otro lo tomó de la cintura y lo arrastró hacia él con una fuerza bestial.

Una voz entre el público murmuró:
—¡Qué piernas!

Y otra, como salida del cielo, gritó:
—¡Fuera la camisa!

Obediente, el pelirrojo se la arrancó. Su pecho estaba cubierto por un bosque de vello húmedo. Sus pezones se marcaban con descaro. Ricky lo miró, sonrió y… siguió bailando. Más poses, más gemidos simulados, más caricias. Toda la escena era una orgía simbólica envuelta en luces y música jazz.

Yo solo quería que se terminara.

La canción cambió a un tango. Más elegante, sí, pero igual de íntimo. En la pose final, Ricky quedó de espaldas, arqueado como un arco, mientras el pelirrojo lo sostenía con una sola mano. Su otra mano acarició por última vez el pecho de su compañero. La canción cerró con un último “jazz” que Ricky susurró como si acabara de correrse.

Mi cabeza explotó.

El teatro estalló en aplausos. Una voz afeminada gritó desde la oscuridad:
—¡Ella!
Y todos aplaudieron. Las luces se encendieron. Lo vi todo con claridad. Ricky estaba solo en el escenario, agitado, brillando de sudor. El pelirrojo se acercó con una toalla roja y se la entregó con ternura. Ricky tenía una igual.

—¿“Nene”? —murmuré para mí. Esa palabra era nuestra. ¿Por qué se la decía él?

—Estuviste increíble —dijo el pelirrojo.

—Les encantamos —respondió Ricky, orgulloso.

¿»Les encantamos»?

—¡Los micrófonos! —gritó alguien del equipo.
—Sorry —dijo Ricky. Y todos rieron.

Todos se estaban riendo de mí.

En la fila frente a mí, unas chicas cuchicheaban:
—Ya se acostó con todos. Es súper puta.

Me levanté de golpe. Las manos me sudaban. Los puños cerrados, las uñas clavándose en la carne. El rostro me ardía. Todo ardía.

—Chicas, les toca —ordenó alguien.
Las hipócritas lo saludaron como si nada mientras él bajaba del escenario, radiante, impune.

—¡Hola, bombón! ¿Te gustó el show? —me dijo, intentando besarme.

Le ofrecí la mejilla.

—Mmh —gruñí.

—¿Todo bien? —preguntó, fingiendo inocencia.

No respondí. Caminé hacia la salida.

Ricky corrió detrás de mí con su maleta.

—Nene, dime qué pasa —insistió.

—¿Me puedes explicar lo que acabas de hacer? —espeté.

—¿La presentación? Estábamos actuando. ¡Soy Velma Kelly! Relájate.

Intentó tomar mis manos. Me solté.

—¿Y eso de que te acostaste con todos? ¿También fue actuación? ¿Y con el pelirrojo ese? ¿Ya también?

—¿Qué? ¡Marco, no! Vamos afuera, por favor. Déjame explicarte…

Volvió a tocarme el brazo. Esta vez, la furia me dominó.

Lo empujé. Lo tomé del cuello y lo estrellé contra la pared. Su cara se tornó roja. Jadeaba. Intentó hablar. No entendí nada. Lo golpeé en el estómago. Cayó contra el extintor.

El golpe sonó seco. Como cuando cae una bolsa.

La respiración me fallaba. Me temblaban las manos. El miedo empezó a mezclarse con el remordimiento.

Un sonido vino desde su mochila.

Su celular.

—Llamada de Jerome —decía la voz automática, cada vez más fuerte.

Me obligué a colgar. Luego, lo cargué. Aquel chico hermoso, brillante y seductor…
Ahora era solo un cuerpo inconsciente en mis brazos.

P.S. Brandon

P.S. Brandon

P. S. Brandon es un profesional de la Comunicación y Mercadotecnia con una destacada trayectoria en la visibilización de historias dentro de la comunidad LGBT+. Es columnista con una recopilación de serie de perfiles que destacan la creatividad y el emprendimiento de talentos LGBT+. Como autor, ha dado vida a Bell: La vida es puro cuento, y Sentidos. Con un enfoque sensible y auténtico, P. S. Brandon utiliza su voz para impulsar narrativas que conectan, inspiran y enriquecen la representación de la diversidad en los medios y la literatura.
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