Para este autor, la inspiración no es una musa caprichosa sino un espejo cotidiano. Viene de su propia vida, de las personas que lo rodean y de los lugares que habita, pero también de lo que otros crean: la música, los libros, el cine. En todo eso encuentra lo que mueve su escritura: la belleza de una letra de canción o de un atardecer frente al mar; el conflicto en las decisiones que trazan el rumbo de una vida; y el consuelo en palabras ajenas que, de pronto, parecen escritas para uno.
Hubo un libro que marcó un antes y un después en su camino como escritor: Llámame por tu nombre de André Aciman. Leerlo fue el impulso necesario para intentar crear algo igual de honesto y bello. Desde entonces, su escritura se ha convertido en un espacio donde las emociones toman el centro: el miedo, la nostalgia por lo que fue, la euforia de las primeras veces, el amor en todas sus formas y ese anhelo constante por lo desconocido, por lo que todavía no llega.
Su experiencia como hombre gay atraviesa profundamente sus personajes y tramas. Sus dos libros publicados exploran lo luminoso y lo doloroso de ser hombres que aman a otros hombres: la alegría, la herida, el deseo y la contradicción. Aunque sus primeras obras se inscriben dentro de la narrativa LGBT+, también se encuentra en un proceso de expansión hacia otros temas y registros, convencido de que las personas —y las historias— están hechas de muchas capas.
La vida cotidiana, el arte y la cultura queer alimentan su escritura de manera natural. Todo lo vivido, dice, termina apareciendo en la página: a veces para abrazarlo, a veces para desecharlo. Contar historias es, para él, una forma de procesar lo que ocurre dentro y fuera del cuerpo.
Actualmente presenta su segunda novela corta, La Piel Desnuda, una historia LGBT construida a partir de un triángulo amoroso entre hombres muy distintos entre sí. En sus páginas conviven la fiesta, las heridas abiertas, la duda, la alegría, los amores perdidos y la búsqueda de uno mismo a través del otro. Al mismo tiempo, trabaja en varios proyectos: la continuación de su primer libro, un ensayo sobre la felicidad y un thriller que se aleja de todo lo que ha escrito hasta ahora.
Sobre lo que viene, prefiere no imponer lecturas: cada persona encontrará algo distinto. Lo único seguro es la honestidad y el intento constante de que, al cerrar el libro, algo se quede acompañando al lector.
Entre sus deseos creativos está ver alguna de sus historias convertida en guion y, eventualmente, en película. El ensayo que prepara quiere que dialogue con ilustraciones: no hechas por él, pero sí imaginadas desde su voz.
A quienes empiezan a contar sus propias historias —especialmente dentro de la comunidad LGBT+— les deja un consejo sencillo y contundente: escribir sin parar, compartir, buscar lectores y volver a empezar. No importa si llega el reconocimiento o si solo una persona lee: mientras haya alguien del otro lado, vale la pena seguir.
Sobre el panorama literario, reconoce los avances hacia una mayor inclusión, pero cree que todavía falta mirar más hacia los autores y autoras independientes. Descubrir lo que se sale de lo habitual, arriesgarse a leer lo que no siempre está en el escaparate: ahí, dice, puede estar la próxima historia que nos cambie.